Sociedad y cultura - Migraciones
La emigración subsahariana: el Magreb como país de tránsito
Mohamed Khachani
Presidente de la Association marocaine d’études et de recherches sur les migrations (AMERM) Université Mohammed V Agdal-Rabat
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Los flujos migratorios con destino a la cuenca mediterránea están marcados por la afluencia cada vez más importante de emigrantes subsaharianos.
Viajando la mayor parte de las veces por tierra, unos a través del Sáhara, y otros remontando el curso del Nilo, o incluso transitando por Arabia Saudí los que viven más al este, un número creciente de africanos intentan llegar a la orilla norte del Mediterráneo seducidos por el «sueño europeo».
Con bastante frecuencia el viaje empieza más allá del desierto del Teneré, en Agades, en el centro de Níger. Esta ciudad se ha convertido en la nueva encrucijada migratoria hacia la que confluyen casi todos los flujos provenientes de África occidental. Por decenas de miles, estos desheredados pululan por el desierto en condiciones «dantescas» para llegar a Libia o a Marruecos vía Argelia.
En los confines meridionales del Magreb, ciertas grandes ciudades del Sáhara (Sebha en Libia y Tamanraset en Argelia) se han convertido en unos verdaderos centros de la circulación migratoria con destino al África mediterránea. El viaje hacia Libia se hace en camiones sobrecargados de mercancías que transportan hasta cien personas en un «inverosímil ejercicio de equilibrio». A fin de escapar a los controles, el camino hacia Argelia se realiza a bordo de vehículos tipo Toyota pick-up, también sobrecargados, que transportan entre veinticinco y treinta pasajeros.
Este peligroso viaje se acaba algunas veces en los espejismos del desierto. Hasta el incidente de mayo de 2001 se sabía muy poco acerca de la muerte anónima de esos aventureros. La avería de un camión en el desierto, en la frontera sur de Libia, fue un accidente fatal, que costó la vida a ciento cuarenta emigrantes subsaharianos.1
Sin embargo, una vez franqueada esta primera barrera, las penalidades de los emigrantes aún no han concluido. En Marruecos, cuando son apresados en las diversas redadas, se les expulsa hacia la vecina Argelia. Cerca de Maghnia se ha creado un campo que acoge tanto a los represaliados como a los recién llegados. Unos y otros tienen un solo objetivo: atravesar la frontera. El Mediterráneo constituye un último obstáculo en su peligroso periplo, un obstáculo que en la actualidad aún es mucho más infranqueable por causa de los dispositivos logísticos y reglamentarios en las fronteras de la Unión Europea. Así pues, los emigrantes se hallan bloqueados en el norte del continente africano o en la orilla este del Mediterráneo. Esta nueva barrera es especialmente mortífera y el estrecho se ha convertido en el cementerio más grande del mundo. Se estima que entre 1989 y 2002 perdieron la vida en el mar entre 8.000 y 10.000 emigrantes. 2 Esta tragedia no parece tener fin, tal como lo atestigua el naufragio cerca de las costas marroquíes de dieciocho emigrantes subsaharianos ocurrido el 19 de enero de 2003.3
Por su propia naturaleza es difícil evaluar esta forma de emigración. Durante los últimos años el número de emigrantes subsaharianos que anualmente acceden al Magreb por sus fronteras meridionales se estima entre 65.000 y 80.000. Del total de este flujo, el 80 % de los emigrantes se dirigen hacia Libia y el 20 % hacia Argelia. Pero del 80 % que viajan hacia Libia, una parte, difícil de evaluar, pasa por territorio argelino para seguir la pista «argelino-marroquí».4 En Marruecos, esta clase de emigración empieza a tomar importancia y a hacerse visible especialmente en ciertas ciudades, como Casablanca, Rabat y Tánger, y en las plazas fortificadas de Ceuta y Melilla.
Estos emigrantes son originarios de entre cuarenta y cuarenta y dos estados africanos. Por orden de importancia, y para el período comprendido entre 1995 y 2001, en primer lugar están los procedentes de Mali, seguidos por los de Sierra Leona, Senegal, Nigeria, Níger, Guinea, Ghana y Camerún. En muchos casos, este tránsito se transforma en una estancia forzosa y en condiciones difíciles. En efecto, las dificultades que plantea la travesía del estrecho hacen que Marruecos, y en particular las regiones del norte y del noreste, así como las provincias saharianas, pase a ser una escala permanente de los emigrantes subsaharianos. Estos emigrantes llevan a cabo diversas actividades para sobrevivir, y algunos de ellos no tienen más remedio que dedicarse a la mendicidad.
La promulgación en mayo de 2003 de la ley 02-03 relativa a «la entrada y estancia de extranjeros en Marruecos, y a la emigración y la inmigración irregulares», que se hacía eco de las medidas restrictivas de las políticas migratorias europeas, convierte a dichos emigrantes en personas especialmente vulnerables, pero no ha logrado disuadir a los nuevos candidatos de la aventura del desierto. Los candidatos africanos a la emigración hacia Europa continúan dejando sus países debido al peso de un cierto número de factores.
África, que representa el 10 % de la población mundial, se ve enfrentada a la mitad de los conflictos mundiales, con todas las consecuencias desastrosas para las condiciones de vida de la población que esto conlleva. La economía africana está en crisis crónica. Desde que René Dumont escribiera su obra L'Afrique noire est mal partie,5 las raíces del subdesarrollo no han sido arrancadas y la situación sigue degradándose.
En África, hay un recrudecimiento de la pobreza, que no sólo está muy extendida, sino que en ciertos países llega a ser extrema. Según un informe de la UNCTAD, treinta y dos de los cuarenta y ocho países menos desarrollados son africanos.6 Precisamente la extensión de esas bolsas de miseria y la «mala vida» a que dan lugar son lo que empuja a la juventud africana a mirar cada vez más hacia el norte y a considerar África del norte como un destino transitorio, como un paso hacia El Dorado europeo.
La situación aún se ve mucho más agravada debido a que los cambios y las reestructuraciones de las relaciones internacionales han reducido la importancia estratégica que se había concedido a África y han provocado una relativa ruptura de los compromisos de las grandes potencias respecto a este continente. En su proyecto de ampliación hacia el este, los países de la Unión Europea han decidido asumir otras solidaridades y el balance de su política relativa al continente negro sigue siendo mediocre.
Estos países no parecen haber captado todavía el reto estratégico de la situación. La recomendación de Naciones Unidas en lo referente a dedicar el 0,7 % del PIB de los países ricos a la ayuda pública al desarrollo sigue siendo un deseo piadoso, y actualmente los ingresos no ascienden a más del 0,25 % de media. En valor absoluto, la diferencia entre el montante prometido y el que realmente se entrega se cifra en 10 mil millones de dólares anuales.7
A pesar de la voluntad de ciertos Estados africanos de afrontar los nuevos desafíos, las consecuencias económicas y políticas son catastróficas. Al mismo tiempo, la mundialización de los medios de comunicación ha aumentado, lo cual contribuye a mantener el deseo de partir hacia otros lugares. Todos estos factores han estimulado una fuerte propensión a emigrar y provocan la aceleración de los movimientos migratorios.
Esta falta de ayuda se ve empeorada por el peso de la deuda. La deuda externa del África subsahariana se ha multiplicado por más de 3,3 veces en veinte años, pasando de 60.600 millones de dólares en 1980 a 206.100 millones de dólares en 2000.
Además, y a otro nivel, otro factor parece incitar a los jóvenes africanos a incubar el proyecto de la emigración: la proclamación de la Unión Africana por el coronel Muammar al-Gadafi de Libia ha tenido un efecto incitador a la emigración con destino a ese país.
A todos estos factores cabe añadir el despliegue de redes de traficantes en los países de partida, de tránsito y de destino. Este tráfico se ha convertido en un negocio más rentable y menos arriesgado que el de la droga.
Ante este fenómeno, las reacciones de los países de destino no han sido concluyentes. Es más, el arsenal jurídico que se ha creado y las logísticas que se han adoptado (Sive, Ulises, etc.) parecen tener efectos perversos. En una entrevista concedida al diario El País,8 el delegado del Gobierno español, encargado del informe sobre la emigración, Jaime Ignacio González, reconocía que el tema trasciende las leyes y que, en definitiva, el fondo del problema reside en el empeoramiento de las disparidades a nivel mundial. Estas disparidades no hacen más que exacerbar el sentimiento de privación y de injusticia. Mientras esos desequilibrios no se corrijan, reconocía, los flujos se seguirán intensificando porque, tal como dice el ex presidente senegalés Abdu Diuf: «No se puede parar el mar sólo con los brazos.»
1 Le Monde Diplomatique, septiembre de 2001.
2 OIT, «L'immigration irrégulière subsaharienne à travers et vers le Maroc», Cahiers de Migrations Internationales, 54, 2002.
3 Le Monde, 21 de enero de 2003.
4 Mehdi Lahlou, Le Maghreb, l'Europe et les migrations des Africains du Sud du Sahara. Situation et possibilités d'action, OIT, 2003.
5 René Dumont, L'Afrique noire est mal partie. París, Seuil, 1962.
6 UNCTAD, Informe sobre los países menos adelantados, 2000.
7 Finances et Développement, diciembre de 2001.
8 El País, 16 de agosto de 2003.
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