Med.2003 Anuari de la Mediterrània

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afkar/ideas Revista trimestral para el diálogo entre Magreb, España y Europa
   
   
   
   
   
   
   
   
El Partenariado Euromediterráneo
Oriente Próximo y el Mediterráneo en la presidencia italiana de la Unión Europea


Roberto Aliboni

Vicepresidente y director del Programa del Mediterráneo y Oriente Próximo Istituto Affari Internazionali (IAI), Roma
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Italia presentó su programa para la presidencia de la Unión Europea entre julio y diciembre de 2003 en el Consejo del 21 de julio del mismo año. El programa se articulaba en un documento titulado Europa: ciudadanos de un sueño compartido. En dicho documento, el Mediterráneo y Oriente Próximo tenían un papel bastante destacado. Había tres cuestiones consideradas prioritarias que la presidencia italiana de la Unión Europea tenía intención de abordar: a) el Irak de la posguerra; b) el proceso de la Hoja de Ruta en Oriente Próximo, y c) el desarrollo del Partenariado Euromediterráneo en el área mediterránea.

Es cierto que el programa italiano consideraba la de Irak una cuestión no tanto regional como europea y transatlántica. El objetivo prioritario de la acción de Italia, en su calidad de presidente de la Unión Europea, era el de lograr que los europeos se reconciliaran entre sí y con Estados Unidos. El programa hacía hincapié en la perspectiva transatlántica, en la que Italia habría de procurar la reconciliación de la Unión Europea: «La crisis iraquí, obviamente, ha tenido el efecto de debilitar los vínculos transatlánticos; por ello, necesitamos dejar atrás esa fase crítica y restablecer la tradicional relación especial con Washington.» En ese sentido, lo que planteaba la presidencia italiana en relación a Oriente Próximo y el Mediterráneo dependía menos de Irak que de la Hoja de Ruta y de las diversas cuestiones euromediterráneas.

En lo que se refiere al proceso de paz de Oriente Próximo, el programa subrayaba que «la formación de un Gobierno palestino representativo, la publicación de la Hoja de Ruta y la renovada participación de Estados Unidos, Europa y Rusia en el relanzamiento del proceso de paz, todo ello implica crecientes responsabilidades para la presidencia italiana, pero también sugiere considerables oportunidades». De hecho, el Gobierno italiano dedicaba una especial y constante atención a las relaciones israelo-palestinas en el marco de la Hoja de Ruta.

En general, Italia se mostraba escéptica respecto a la posibilidad de organizar la conferencia que permitiría pasar de la primera a la segunda fase de la Hoja de Ruta. Sin embargo, sí estaba trabajando para organizar la conferencia de donantes. La aprobación del denominado «Plan Marshall para Palestina» por el G7 en Dubai es un paso hacia el logro de un plan que Italia siempre ha apoyado y fomentado. En lo que se refiere a los intentos de resolver el conflicto, las principales directrices de su actuación diplomática quedaban claramente establecidas en la Declaración sobre la situación en Oriente Próximo publicada por la presidencia el 11 de septiembre de 2003, en Bruselas. En esta Declaración, la presidencia señalaba los objetivos a corto plazo que se esperaba cumplieran las dos partes con el fin de crear las condiciones adecuadas para lograr lo estipulado en la Hoja de Ruta:

«La Unión Europea insta a las dos partes a mantener su firme compromiso con la necesidad de un diálogo constante y la puesta en práctica de la Hoja de Ruta, y, en ese sentido, a adoptar las medidas siguientes:

• La Autoridad Nacional Palestina: formar un nuevo Gobierno; reorganizar sus fuerzas de seguridad; restablecer el orden público y realizar esfuerzos visibles para desmantelar las organizaciones terroristas; llevar a cabo las reformas ya iniciadas, y organizar unas elecciones libres y transparentes.

• El Gobierno israelí: retirar al ejército de las zonas autónomas; poner fin a los asesinatos selectivos; liberar al pueblo palestino de los bloqueos de carreteras y otras restricciones impuestas; congelar todos los nuevos asentamientos y la construcción del muro de seguridad, cuyo trazado hace peligrar una solución política al conflicto.»

Un aspecto característico de la política de la presidencia italiana era el de asegurar un equilibrio en las relaciones de los europeos con los israelíes y los palestinos. En opinión del Gobierno italiano, existía el firme sentimiento de que se debía corregir la percepción errónea por parte de los israelíes de la existencia de un sesgo europeo favorable a los palestinos. Ello requería una «campaña de robustecimiento de la confianza» con relación a Israel y los israelíes, además de una gestión constantemente adaptada a mantener y aumentar la credibilidad en ambas partes.

Sin embargo, en su diplomacia diaria, Italia, aunque insistiendo ante los palestinos en la absoluta necesidad de contener y reprimir el terrorismo con el fin de establecer las condiciones adecuadas para la seguridad de su interlocutor, en sus conversaciones con los homólogos israelíes no ha dejado de señalar la necesidad de proporcionar a los nuevos líderes palestinos un apoyo más convencido, y ha insistido en la incompatibilidad de los asesinatos selectivos con cualquier situación de alto el fuego, y en el hecho de que la construcción del muro de seguridad puede comprometer seriamente cualquier posibilidad de acuerdo. Todas estas medidas debilitan a los nuevos líderes palestinos que los países occidentales tratan de respaldar con vistas a superar las ambigüedades de los líderes anteriores.

En particular, Italia ha condenado la idea de desterrar –y no digamos de asesinar– al presidente Arafat. Aunque se debe respaldar a los nuevos líderes, Arafat debe ser respetado en tanto que expresa un amplio consenso entre los palestinos.

En lo relativo a la comunidad internacional, Italia cree que el control de las actividades actualmente planificadas por el Cuarteto se debe iniciar ya en la primera fase, con el fin de tranquilizar al pueblo palestino en relación a una posible reocupación israelí de territorios. Para los italianos, Europa puede proporcionar ya una contribución a dicho control, aprovechando sus experiencias previas de control civil (las fuerzas desplegadas en Hebrón) y los nuevos activos que proporciona el marco de la política europea de seguridad y defensa (PESD). Europa debería unirse a los estadounidenses, que en la actualidad están realizando ya actividades de control por su cuenta. Además, las actividades de éstos se centran en la seguridad frente al terrorismo, olvidando la seguridad de la población en sentido amplio.

Con respecto a la segunda prioridad italiana –el Partenariado Euromediterráneo–, también el papel de la PESD resulta fundamental. El programa afirmaba que «la presidencia italiana pretende prestar especial atención al diálogo con los países meridionales del Mediterráneo [...] con los que es importante establecer la PESD como un factor de estabilidad regional y, por lo tanto, en beneficio mutuo». En ese sentido, Italia aspiraba a lo que ya preveía el Plan de Acción de Valencia, el 23 de abril de 2002, al afirmar que «el diálogo político [...] debe centrarse entre otras cosas [...] en el diálogo efectivo sobre cuestiones políticas y de seguridad, incluyendo la PESD [...]». Las sucesivas presidencias han continuado esa tarea, organizando seminarios especiales con participación militar (Barcelona, mayo de 2002; Rodas, noviembre de 2002, y Corfú, mayo de 2003). En esa misma perspectiva, durante el semestre italiano, el Instituto de Estudios de Seguridad (IES) de la Unión Europea organizó, el 18 de septiembre de 2003, un seminario en Bruselas sobre La PESD y el Mediterráneo a propuesta del Comité de Política y Seguridad. El Centro Militar de Estudios Estratégicos italiano organizó un seminario parecido en Roma, el 25 de septiembre de 2003, sobre Seguridad, estabilidad y cooperación en la región mediterránea. En ambos seminarios se debatió el potencial de la PESD en el marco euromediterráneo.

Aparte de los avances de la PESD y de su importancia para el Partenariado Euromediterráneo, el Gobierno italiano establecía detalladamente sus prioridades en el documento sobre «estrategia común» que toda presidencia debe elaborar siguiendo una norma general establecida por la Estrategia Común de la Unión Europea para la Región Mediterránea, adoptada por el Consejo Europeo de Santa Maria da Feira, en junio de 2002. En dicho documento se establecían tres prioridades principales:

• Completar el proyecto de una Fundación Euromediterránea para el Diálogo entre Culturas y Civilizaciones, facilitando, por lo tanto, su creación.

• Promover la evaluación del funcionamiento del FEMIP (Fondo Euromediterráneo de Inversión y Partenariado) con vistas a que dicho organismo se constituya en filial de participación mayoritaria del BEI dedicada a los socios mediterráneos.

• Incluir en el marco euromediterráneo una Asamblea Parlamentaria Euromediterránea con poderes consultivos, facilitando el necesario acuerdo sobre dicha asamblea por parte del Parlamento Europeo y las asambleas nacionales euromediterráneas.

La Comisión, en una comunicación de mediados de octubre de 2003 con vistas a establecer la agenda de la Conferencia ministerial de los días 2 y 3 de diciembre de 2003, celebrada en Nápoles, recomendaba específicamente esos tres objetivos.

Se espera que la Fundación para el Diálogo entre Culturas y Civilizaciones facilite los contactos, especialmente en el ámbito de la sociedad civil, y contribuya a las políticas de migración y a la lucha contra el racismo y la xenofobia, además del conocimiento mutuo en sentido amplio.

En lo que se refiere al actual FEMIP, establecido conforme a la decisión tomada por el Consejo Europeo de Barcelona, en marzo de 2002, en el ámbito del Banco Europeo de Inversiones (BEI), se constituirá en filial de este último con la tarea de fomentar la inversión privada en los países socios del sur del Mediterráneo. En el pasado, el Gobierno italiano había respaldado ya en muchos foros la idea de crear un Banco de Desarrollo Mediterráneo. La filial del BEI no será en sí misma un banco. Sin embargo, sí será un organismo independiente encargado de afrontar el reto fundamental de promover la inversión del ahorro privado europeo en los países del sur del Mediterráneo, y cabe esperar que actúe como un factor decisivo para el desarrollo de éstos en el marco euromediterráneo.

Utilizando sus propias palabras, el programa de la presidencia italiana esperaba «dar buena cuenta» de todas esas iniciativas en la Conferencia ministerial euromediterránea de Nápoles, a principios de diciembre de 2003.

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