afkar/ideas Revista trimestral para el diálogo entre Magreb, España y Europa
Revista trimestral para el diálogo entre el Magreb, España y Europa
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“España propone celebrar una Cumbre Euromediterránea en 2005 para impulsar el Proceso de Barcelona”
El ministro de Asuntos Exteriores español hace un balance con “luces y sombras” del proceso euromediterráneo y analiza las relaciones con el Magreb.

Entrevista a Miguel Ángel Moratinos por Andreu Claret y Darío Valcárcel


La llegada al gobierno del Partido Socialista abre una nueva etapa en las relaciones de España hacia el Magreb, especialmente con Marruecos. afkar/ideas ha tenido la oportunidad de analizar con el actual ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, los objetivos, desafíos y propuestas del nuevo ejecutivo para la zona.

afkar/ideas: Se está planteando la posibilidad de que España acoja una nueva conferencia para relanzar las relaciones euromediterráneas con motivo del décimo aniversario del Proceso de Barcelona. ¿A qué nivel podría celebrarse dicha conferencia? ¿Considera que debería producirse al mismo tiempo una movilización de la sociedad civil, mediante la celebración de un Forum Civil Euromed?

miguel angel moratinos: Con ocasión de su décimo aniversario, el gobierno de España desea hacer balance de los logros y carencias del Proceso de Barcelona para tratar de dar un nuevo impulso al partenariado euromediterráneo. Por ello, hemos propuesto la celebración de una Cumbre Euromediterránea de jefes de Estado y de gobierno que se organizará de común acuerdo con Londres, a quien corresponderá desempeñar la presidencia de la Unión Europea (UE) durante el segundo semestre de 2005.

Desde su nacimiento en 1995, los Estados fundadores del Proceso de Barcelona hemos sido conscientes de la necesidad de integrar a la sociedad civil en la construcción del partenariado. De este modo, se han celebrado con regularidad los encuentros del Forum Civil Euromed, en los que se acuerdan, entre otras iniciativas, recomendaciones a los Estados miembros sobre asuntos de los tres capítulos. En la reunión de enero/febrero de 2003, que culminaba un proceso de reflexión lanzado en el Foro Civil de Valencia de 2002, se estableció la Plataforma de ONG para el Foro Civil Euromed con el fin de aumentar la visibilidad e influencia de la sociedad civil en el partenariado. España, que no concibe la revigorización del partenariado sin la participación activa de la sociedad civil, seguirá impulsando una mayor implicación de la misma en el Proceso de Barcelona.

a/i: ¿Cuál es su balance de los nueve años del Proceso de Barcelona?

m.a.m: La constatación de que nos encontrábamos aún lejos de alcanzar los objetivos de la Declaración de Barcelona de 1995 y el letargo en que el Proceso había caído en los últimos tiempos movieron a la presidencia española de la UE en 2002 a plantear un ambicioso proyecto para revitalizar el partenariado. Ello se plasmó en el Plan de Acción de Valencia (PAV) del que puede decirse que revalidó el marco Euromed en una coyuntura presidida por la crisis del proceso de paz de Oriente Próximo, el 11 de septiembre y el reto de la ampliación de la UE.

Desde entonces, el Proceso de Barcelona ha discurrido por la senda marcada por el PAV. Las presidencias danesa, griega, italiana e irlandesa no se han desviado de los objetivos allí marcados. En este momento, la revigorización del Proceso de Barcelona se desarrolla por varias vías complementarias: el lanzamiento de la nueva política de vecindad de la UE (“Barcelona-plus”); la mejora de los métodos de trabajo y el desarrollo de la arquitectura institucional del partenariado contenida en el PAV (con la integración en el Proceso de Barcelona de la recién creada Asamblea Parlamentaria Euromediterránea como órgano consultivo, la puesta en marcha de la Fundación Euromediterránea Anna Lindh para el Diálogo de Culturas y Civilizaciones y el reforzamiento, dentro del Banco Europeo de Inversiones, del instrumento financiero Femip); así como el esfuerzo por cerrar la red de acuerdos de asociación con la deseable conclusión de negociaciones con Siria.

En el balance del Proceso de Barcelona hay luces y sombras, pero también hay lugar para la esperanza. Lo menos positivo es, sin duda, la pobreza de resultados del primer capítulo (diálogo y cooperación en los ámbitos político y de seguridad), debido a lo que algunos denominan “efecto contaminante” del conflicto árabe-israelí.

En cambio, el segundo capítulo (cooperación económica y financiera) es el que ha experimentado un mayor desarrollo, si bien la multiplicación de instrumentos creados se da de bruces con una realidad insoslayable: el crecimiento económico de nuestros socios mediterráneos es insuficiente y el desempleo no disminuye. La timidez de las reformas, la falta de integración Sur/Sur (a pesar del notable avance que supone el acuerdo de Agadir) y la escasa inversión explican, en parte, el bajo índice de crecimiento.

En cuanto al tercer capítulo (cooperación en los ámbitos social, cultural y humano), la cooperación en asuntos de justicia e interior –especialmente migraciones, lucha contra el crimen organizado y lucha antiterrorista– ha experimentado un cierto desarrollo ante las demandas de la actual coyuntura geopolítica regional e internacional, si bien lo más destacable es la creación de la Fundación Euromed.

En suma, cabe reconocer la necesidad de un mayor compromiso a ambas orillas del Mediterráneo. Del Norte, en forma de aportación más generosa de asistencia y recursos. Del Sur, con su renovada decisión para acometer las reformas políticas, económicas y sociales indispensables para un desarrollo equitativo.

a/i: Teniendo en cuenta que uno de los objetivos del Proceso de Barcelona es la consecución de una zona de libre comercio en 2010, ¿qué repercusiones puede tener la firma del tratado de libre comercio entre EE UU y Marruecos?

m.a.m: Iniciativas como este tratado deben valorarse positivamente, como una vía más para dinamizar la economía y el proceso de reformas emprendido en el reino alauí, sumando esfuerzos con lo que venimos haciendo desde la UE a través del acuerdo de asociación o la política de vecindad.

a/i: La ampliación de la UE ha suscitado recelos en el Magreb, especialmente ante el temor de que surja una Europa centrada en el Norte y más alejada del Mediterráneo. ¿Qué ventajas y retos ofrece la ampliación para los terceros países mediterráneos? ¿Es posible lograr una política de geometría variable que relacione de forma singular a Europa y al Magreb?

m.a.m: La política de vecindad de la UE trata de llevar más allá –sobre una base bilateral, diferenciada e incentivada– los objetivos de la Declaración de Barcelona. Por ello, se le augura un efecto catalizador que ya ha empezado a comprobarse a través de la receptividad con la que la han acogido algunos socios del Sur, como Marruecos, Túnez o Jordania.

Los problemas que la ampliación plantea a nuestros vecinos del Sur derivan, más bien, del deseo de algunos Estados miembros de la UE de congelar el presupuesto comunitario y del aumento, a su vez, de las demandas y necesidades de gasto que supone la ampliación. De ahí que la política de vecindad sea percibida, cada vez más, como un instrumento útil para canalizar fondos comunitarios también hacia el Sur, y de manera especial hacia el Magreb. El crecimiento del partenariado Euromed a 35 Estados hace aún más necesario, si cabe, el desarrollo de políticas de geometría variable y de la cooperación subregional, como, por ejemplo, la revitalización del Diálogo 5+5.

a/i: ¿Qué valoración hace de la iniciativa del Gran Oriente Medio promovida por EE UU y qué relación puede tener con el Proceso de Barcelona y con la nueva política de vecindad?

m.a.m: Desde el anuncio de la iniciativa, EE UU ha realizado un claro esfuerzo por incorporar las numerosas opiniones formuladas desde la UE , cuya visión ha sido plasmada en el Informe sobre la futura Asociación Estratégica de la UE con el Mediterráneo y Oriente Próximo. Este informe, a su vez, se basa en gran medida en los principios y valores del Proceso de Barcelona, cuya plena relevancia y validez subraya.

En este sentido, la iniciativa de EE UU podría configurarse como un complemento a las políticas e instrumentos que desde hace al menos una década la UE desarrolla en el Mediterráneo y Oriente Próximo, en particular el partenariado euromed o Proceso de Barcelona.

a/i: Otro de los proyectos que se ha intentado reavivar, a menudo infructuosamente, es el de la Unión del Magreb Árabe (UMA). ¿Cuáles serían en su opinión, las claves para avanzar en este proceso de integración? ¿Cree que Europa debería ofrecer al Magreb algún tipo de relación privilegiada, dentro del marco del Proceso de Barcelona?
m.a.m: Una primera clave sería realizar un inventario de los problemas que aquejan a la UMA. El conflicto del Sáhara es, quizás, el más importante. Pero existen otros en los que entran a jugar factores de liderazgo regional y problemas de financiación.

El interés de los países que la integran varía en intensidad pero existe una conciencia de que el coste del No-Magreb es alto para todos. La UMA podría haber desaparecido, según estándares europeos, pero ahí sigue, pues prevalece la conciencia de sus potencialidades.

No es necesario esperar a que la integración del Magreb sea un hecho para trabajar a favor de un apoyo a los países de la zona que favorezca su acercamiento a Europa, lo cual se considera compatible y complementario de la integración regional. De hecho, el objetivo de la política de nueva vecindad es reconocer la necesidad de singularizar las relaciones con nuestros vecinos del Sur, tendiendo a una relación privilegiada que reconozca los esfuerzos desarrollados en estos años y los que quedan por realizar.


Nuevo panorama en las relaciones hispano-magrebíes


a/i: Marruecos fue el primer viaje al extranjero de José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Qué propuestas ofrece España para negociar los problemas pendientes y abrir una nueva era de relaciones? ¿Qué papel pueden desempeñar Cataluña, Andalucía o Canarias en este terreno?

m.a.m: La visita del presidente del gobierno a Marruecos abre una nueva etapa de entendimiento y diálogo. Estoy convencido de que las perspectivas son muy alentadoras a la vista de las potencialidades de la relación y puesto que se basa en una fuerte voluntad política y en el reconocimiento de la existencia de unos problemas compartidos que requieren soluciones que beneficien a ambas partes.

Precisamente por ello, no me gusta hablar de propuestas de España, puesto que da a entender un sentido único de la relación. Son propuestas de las dos partes. Debemos basar la relación en conceptos nuevos como diálogo, intercambio de puntos de vista y trabajo coordinado. Somos unos máximos defensores del principio de apropiación como base de la política de nueva vecindad. Es decir que los dos lados del acuerdo se sientan parte de él. Y es importante aplicarlo igualmente en nuestras relaciones bilaterales, cuanto más con Marruecos.

La presencia de las comunidades autónomas en Marruecos es una nueva realidad que plantea desafíos, de los cuales uno de los más destacados es el reforzamiento de la coordinación con ellas. Es esencial a la hora de crear verdaderas sinergias y multiplicar exponencialmente la presencia de España. Si nos centramos en el ejemplo de la política de cooperación al desarrollo, la mutua información sobre los proyectos que cada comunidad autónoma lleva a cabo así como de sus zonas y sectores prioritarios, contribuye a evitar solapamientos innecesarios.

a/i: En sus declaraciones en el Senado sobre el Sáhara Occidental, reiteró su voluntad de emprender una serie de contactos con el grupo de Países Amigos del Sáhara y defendió la necesidad de abandonar la política de neutralidad activa a favor de una de compromiso, sin olvidar el marco esencial de las Naciones Unidas. ¿Cómo va a materializar este mayor compromiso? ¿Puede España impulsar una Hoja de Ruta que conduzca a una resolución consensuada entre las partes?

m.a.m: Lo importante es estimular que las partes hablen entre sí. Es el medio esencial para llegar al fin deseado: una solución al contencioso. Es fácil decirlo, pensarán los lectores. Pero lo cierto es que aún no ha existido un verdadero diálogo. El gobierno español desearía contribuir a ese diálogo con los medios a su alcance, esto es, utilizando los canales de interlocución privilegiada existente con las partes en el contencioso, con los vecinos y con otros países de la UE interesados.

Eso sí, como ya he dicho en ocasiones anteriores, no se pretende en ningún momento plantear una disyuntiva entre un plan de la ONU y un acuerdo político bilateral entre las partes. Es un elemento de complementariedad. España no tiene intención alguna de hacer sombra, si se me permite la expresión, al único marco de referencia, que sigue y seguirá siendo la ONU , donde deben centrarse los esfuerzos para llegar a una solución acorde con la legalidad internacional, justa, consensuada, duradera y respetuosa del principio de libre determinación.

a/i: ¿Cómo puede España mantener unas relaciones equilibradas con Marruecos y Argelia? ¿Cuál es la perspectiva de esas relaciones tras la reelección del presidente Abdelaziz Buteflika?

m.a.m: No veo cuál es el problema ni la razón por la cual las relaciones con estos dos países deben analizarse en términos de competencia, muy al contrario. Nuestra contribución a la estabilidad regional consiste en aspirar a fomentar y mantener las mejores relaciones con todos y cada uno de los países de una zona tan prioritaria para nosotros como es el Magreb. Otros ingredientes de nuestra acción en la zona es la de abogar constantemente por facilitar su acercamiento a Europa y entre ellos.

Dicho esto, cada país del Magreb tiene su propia idiosincrasia, la cual marca la evolución y madurez de nuestras relaciones. Con respecto a Argelia, es indudable que el fin del periodo electoral estabiliza la situación del país y confiere la calma necesaria para abordar cuestiones olvidadas durante un tiempo. Ha llegado el momento de pisar el acelerador.

a/i: Otro de los ejes, recuperado recientemente, de las relaciones hispano-magrebíes es Libia.¿Cómo va España a enfocar estas relaciones y qué posibilidades tiene el sector empresarial de conseguir contratos en este país frente a las empresas británicas y estadounidenses?

m.a.m: La mejor manera de contribuir a la reforma interna y externa de Libia, que debe venir de dentro, es animándola a que se integre lo antes posible en el Proceso de Barcelona, toda vez que acepte el “acervo euromed” con todo lo que ello conlleva.

Es importante seguir con atención la evolución de este país, que en los últimos meses ha tomado decisiones acertadas y comprender las tensiones internas y animar a aquellos factores de apertura económica que comienzan a hacerse visibles.

España ya está presente en Libia a través de algunas empresas. Los sectores en los que nuestro país puede ser competitivo son diversos. La capacidad de atracción del sector privado español va de la mano de los esfuerzos por crear un marco jurídico estable. Urge una pronta finalización de las negociaciones ya emprendidas para la conclusión de un Acuerdo de Protección Recíproca de Inversiones así como para el pago de la deuda pendiente.


Irak y el proceso de paz en Oriente Próximo


a/i: Todo proyecto mediterráneo se ve condicionado por la situación en Irak. ¿Cuáles son las perspectivas en este país tras el inicio de un traspaso limitado de soberanía, y qué papel puede desempeñar España en su futuro tras la retirada de las tropas?

m.a.m: Debemos situar la crisis iraquí en el marco que le corresponde, esto es, Oriente Próximo, y no el Mediterráneo, que es una entidad distinta como concepto geográfico y político. En esta región, la inestabilidad en Irak y sobre todo el conflicto árabe-israelí afectan no sólo a los países vecinos, sino también a la comunidad internacional en su conjunto.

En cuanto a Irak, la intención del gobierno no es volver la vista al pasado, y con un dedo acusador señalar responsabilidades. Está claro que la estrategia adoptada no ha producido los resultados deseados. Está claro también que muchos millones de ciudadanos no compartieron las decisiones tomadas por ciertos gobernantes. Lo que realmente importa ahora es mirar hacia el futuro.

El regreso de los soldados españoles fue una decisión soberana adoptada por un gobierno democráticamente elegido. Una decisión apoyada y compartida por la inmensa mayoría de los españoles.

España, en todo caso, no va a permanecer indiferente ante el presente y el futuro de los iraquíes. Hará valer su experiencia y capacidad de interlocución en todos los foros internacionales en los que participa y en sus relaciones con los países vecinos de Irak para el éxito de la transición política. Y por supuesto, mantendremos nuestros compromisos anunciados en la Conferencia de Donantes del año pasado.

Existe en Irak el creciente problema de falta de seguridad, pero a pesar de ello, en el proceso político se han producido acontecimientos de considerable importancia: la disolución del Consejo de gobierno y el establecimiento del nuevo gobierno interino, la perspectiva del final de la ocupación y la aprobación por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la resolución 1546, que determina que se celebrarán elecciones generales no más tarde del 31 de enero de 2005. Estos comicios son la verdadera clave para seguir avanzando en el proceso.

España hubiese deseado una resolución que entregase el control político y militar a las Naciones Unidas, y que el traspaso de la soberanía a Irak hubiera quedado reflejado con mayor concreción. Sin embargo, apoyamos la resolución ya que era indispensable recuperar el consenso de la comunidad internacional.

a/i: Como conocedor del conflicto palestino-israelí ¿cree que queda margen aún para la esperanza de paz? ¿Qué piensa del proyecto de retirada de Gaza? ¿Qué significado tienen las propuestas de paz surgidas en ámbitos no oficiales? ¿Conseguirá la UE asumir un mayor papel en la región? ¿En qué puede contribuir España?

m.a.m: A nadie se le escapa que el conflicto árabe-israelí se encuentra en un momento crítico, y esta manida expresión no deja sin embargo de reflejar la realidad. Nos hallamos de nuevo ante un estancamiento cuya salida requiere en primer lugar poner término al círculo terror-violencia. Las poblaciones palestina e israelí quieren y tienen derecho a la paz. Los responsables políticos de las partes y la comunidad internacional estamos obligados a que la esperanza, por mínima que sea, siga existiendo y se transforme en una realidad.

La retirada de Gaza, por parte de Israel constituye una oportunidad que debemos aprovechar, siempre y cuando se produzca en el marco de la Hoja de Ruta y se respete la visión de una paz basada en dos Estados. En este momento, ni las partes ni la comunidad internacional pueden permitirse un nuevo fracaso.

El Cuarteto (EE UU, ONU, UE y Rusia) ha reafirmado ya los principios que siempre han vertebrado el proceso de paz, y sobre todo que no se puede alcanzar la paz sin fórmulas negociadas y adoptadas de mutuo acuerdo entre israelíes y palestinos.

Las iniciativas de paz emanadas de la sociedad civil, como la de Ginebra, demuestran que hay interlocutores en ambas partes, deseosos de hablar de paz. Son además un reflejo de la capacidad de movilización de la sociedad civil y de su voluntad de participar activamente en la búsqueda de una solución al conflicto.

Los europeos, por nuestro lado, sentimos cada vez con mayor intensidad que lo que sucede en Oriente Próximo nos afecta. Nuestro objetivo es buscar la paz y la prosperidad en la región, y no nos cuestionamos la legitimidad para contribuir a esos esfuerzos por la paz. Nuestras opiniones públicas así nos lo reclaman. La UE no renuncia a su visión sobre lo que debe ser la paz en Oriente Próximo, y se esforzará por seguir avanzando hacia una solución justa y global del conflicto.

España, por último, ha sido tradicionalmente un activo, imparcial y desinteresado impulsor de los esfuerzos anteriormente mencionados, tanto en calidad de miembro de la UE como a escala individual, según demostramos en 1991 con la Conferencia de Paz de Madrid. En lo que a mí respecta, todos conocen mi compromiso personal y político con los esfuerzos por resolver el conflicto árabe-israelí. Ahora, desde el cargo de ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, pondré a disposición de la política exterior española y europea toda la experiencia que acumulé durante el desempeño de mi labor como representante especial de la UE en la zona.


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