afkar/ideas Revista trimestral para el diálogo entre Magreb, España y Europa
Revista trimestral para el diálogo entre el Magreb, España y Europa
Español | Français      

afkar/ideas Revista trimestral para el diálogo entre Magreb, España y Europa
 
 

Pasiones compartidas
El fútbol, elemento cultural y de identidad, e instrumento de desarrollo e integración entre Europa y el Magreb.

F. Xavier Medina


El fútbol, deporte de masas, es un importante fenómeno a escala mundial, pero también un instrumento de identidad, que se ha convertido en una pasión que trasciende fronteras, culturas y religiones; una pasión compartida, y muy especialmente entre los países de la cuenca mediterránea. El fútbol, así, acerca mucho más que desune, y al mismo tiempo aglutina a su alrededor las diferentes identidades.


‘La hora de África'... ¿La hora del Magreb?


Hace unos años, durante la presentación de la candidatura de Marruecos como país organizador de la Copa del Mundo de fútbol 2006, los representantes de ese país terminaban su discurso con una afirmación contundente: "Es la hora de África". Y así ha resultado ser: de cara a la organización del Mundial 2010, los responsables de la FIFA decidieron, casi desde el principio, que éste se celebraría en África, un continente que ha sido un “cuasi omnipresente” candidato en las últimas selecciones para la designación de la sede de la Copa del Mundo, pero que nunca había conseguido la organización de ningún campeonato. Finalmente, un país africano logró por primera vez, el pasado 15 de mayo, en la ciudad suiza de Zurich, el encargo de organizar un evento de tal magnitud, con la designación de Suráfrica como sede del Mundial en 2010.

Parece, pues, haber llegado la hora de África; pero al mismo tiempo parece haberse planteado la necesidad de que sea por fin “la hora del Magreb”. Marruecos, Túnez y Libia (estos dos últimos de manera conjunta), se presentaron nuevamente como organizadores de la Copa del Mundo de la FIFA 2010, en competencia directa con las candidaturas también africanas de Egipto y de la vencedora Suráfrica. Por primera vez, asimismo, Túnez se presentaba con el bagaje de haber sido el país organizador –y vencedor– de la Copa de África de Fútbol en 2004.

Marruecos, junto con Suráfrica y Egipto, formaba parte de la tríada de candidaturas con posibilidades de ser escogidas por la FIFA , mientras que el resto partía en clara desventaja.

Pero el interés africano y particularmente magrebí por organizar eventos deportivos de este nivel no es, ni mucho menos, nuevo. En el caso de Marruecos, ésta es la cuarta vez que se presenta como sede de un Mundial: lo hizo en 1994, 1998 y 2006, y en las tres ocasiones su candidatura fue desestimada en favor de Estados Unidos –frente a quien perdió, por cierto, por un solo voto de diferencia–, Francia y Alemania, respectivamente. Por su parte, Suráfrica perdió también por sólo un punto frente a Alemania en relación con la organización del Mundial de 2006.

Al ser desestimada por la FIFA una posible organización conjunta del Mundial entre Libia y Túnez, éste decidió, antes de la última votación, retirar su candidatura. Libia la mantuvo, aun careciendo de posibilidades. Marruecos se perfilaba como el país magrebí mejor situado para conseguir por vez primera organizar una Copa del Mundo de Fútbol en África; pero tampoco en esta ocasión el Mundial se organizará en el Magreb, ni en un Marruecos que ve nuevamente frustradas sus fundadas aspiraciones.


Mucho más que fútbol...


Es evidente que cuando hablamos de fútbol no estamos hablando simplemente de una competición deportiva. Los componentes políticos, económicos y sociales de la organización de un evento como el expuesto, suponen entrar ampliamente en terrenos de tanto relieve como los de las inversiones económicas (no únicamente en infraestructuras deportivas, sino en general, urbanas, transportes, comunicaciones...); la representación política y las relaciones internacionales; la identidad nacional...

Marruecos ofrecía como principal atractivo su tradición y trayectoria futbolística y su proximidad a Europa, además de un buen clima y una importante oferta turística y hotelera en crecimiento. El país, asimismo, apostó fuerte internacionalmente, y atrajo como soporte a figuras de la política internacional como el presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, o la baza del ex presidente español Felipe González, además de contar con el apoyo de los gobiernos español y francés y de los representantes africanos de la FIFA , que votaron a su favor. Estrellas del fútbol como el franco-argelino Zinedine Zidane apoyaron la candidatura marroquí, la cual también llevó a Zurich al técnico brasileño Luiz Felipe Scolari, al atleta Hicham El Gerrouj y al ex futbolista franco-marroquí Just Fontaine. Todo un despliegue, sin duda.

En su contra, sin embargo, Marruecos presentaba la gran asignatura pendiente de las infraestructuras, que ya había lastrado en parte sus posibilidades en candidaturas anteriores: el Mundial se disputaría en nueve estadios, de los que únicamente tres ya existen, otros tres están en construcción y tres más están planeados. Por otro lado, en los últimos años se ha llevado a cabo un esfuerzo importante por mejorar las comunicaciones por carretera, así como las telecomunicaciones desde el país; esfuerzos valorables pero que al final no han pesado lo suficiente.

Tal como señala la candidatura marroquí, “Tierra de fútbol”, la historia del “deporte rey” en Marruecos es larga. Introducido e impulsado por los europeos (principalmente franceses, pero también españoles) residentes en Marruecos a principios del siglo XX, los primeros clubes marroquíes aparecen en 1913: Union Sportive Marocaine, Stade Marocain y Sporting Club des Roches Noires. La selección marroquí jugó su primer partido internacional en 1927. A partir de ahí, el fútbol se afianzó como una “pasión” popular, tanto a nivel de espectáculo como de práctica –no podemos olvidar que el fútbol significa ambas cosas–, hasta el punto de que un responsable de la candidatura marroquí mencionaba en una de sus alocuciones: “En Marruecos se nace ya con un balón en los pies”.

Tanta es la popularidad del fútbol en Marruecos, que políticos, empresarios y personalidades de la vida social y económica se han interesado siempre por ocupar la presidencia o puestos destacados en los clubes, debido a la rentabilidad que conlleva en la “calle”. Las elites locales y la nueva burguesía industrial y financiera, necesitan a su vez del refrendo popular para mantener su influencia a nivel local; y el presidir o dirigir una entidad deportiva conocida puede influir sobremanera en este hecho. Igualmente, hay que destacar que el asociacionismo deportivo –y dentro de éste el futbolístico– ha conocido no sólo en Marruecos, sino en todo el Magreb, un gran crecimiento en las dos últimas décadas, lo que demuestra el interés y seguimiento que provoca en la ciudadanía de estos países.

En sus candidaturas anteriores, por ejemplo en el Mundial de 2006, Marruecos utilizó ampliamente el hecho de ser a la vez un país africano y árabe. Si, como habíamos mencionado más arriba, era “la hora de África”, la candidatura marroquí no se presentaba sólo como africana: "la candidatura de Marruecos es también la del mundo árabe y del Magreb, que siempre han manifestado su apoyo a Marruecos".

En esta última candidatura, sin embargo, ambas opciones quedaban claramente anuladas: no podía presentarse como el candidato africano, puesto que todos los contendientes lo eran; y, por otro lado, no podría presentarse –como hizo en 2006– como la candidata del mundo árabe, ya que Egipto, Túnez y Libia son también árabes. El contenido ideológico y el leit motiv de la candidatura esta vez tenía que ser diferente; algo que pudiese situar a Marruecos en una ventaja simbólica real frente a sus oponentes. Y qué mejor que el fútbol para cubrir ese hueco: “Marruecos, tierra de fútbol”, y esa tradición y la popularidad del deporte en todo el país iban a ser su mejor presentación para la organización del mundial.

La trayectoria de Marruecos en relación con los campeonatos mundiales de fútbol no es, ni mucho menos, nueva: fue el primer país africano en clasificarse para un Mundial (México 1970), ha participado en cuatro fases finales, y fue el primer africano en presentar una candidatura para la organización del Mundial de Fútbol.

La candidatura presidida por Saad Kettani –jefe de la delegación marroquí– se presentaba también por cuarta vez y, en esta ocasión, la opción marroquí iba a por todas con una delegación encabezada por el príncipe Moulay Rachid, hermano del rey Mohamed VI –lo que demuestra el alto interés e implicación de la Corona para conseguir la designación–, y su principal baza moral se basaba así en su importante tradición futbolística: “Invitamos a la familia del fútbol a la tierra del fútbol", afirmó Kettani en Zurich, en los días previos a la decisión final de los responsables de la FIFA. Una afirmación, por otro lado, que atacaba directamente uno de los puntos flacos de su principal rival, Suráfrica, más conocida a nivel internacional por sus equipos de cricket y rugby que por el fútbol (recordemos que Suráfrica organizó en 1995 el Mundial de Rugby, y en 2003 el de Cricket).


El Mundial como oportunidad de desarrollo


Pero la organización del Mundial de Fútbol es también, de manera abierta, una oportunidad para el desarrollo. Y así lo han expresado siempre los responsables de la candidatura marroquí. Durante su presentación en España (IEMed, Barcelona, junio de 2000) a los mundiales de 2006, su representante, Sukaima Boraoui, comparó la necesidad de Marruecos de obtener dicha organización en términos del enorme cambio que supuso, por ejemplo, para Barcelona la organización de los Juegos Olímpicos de 1992, a partir de los cuales la ciudad remodeló y reformuló su espacio urbano y sus infraestructuras, aumentando su potencial turístico y afrontando el siglo XXI desde una posición de privilegio.

No cabe duda de que la excusa de la organización de un evento deportivo de tal magnitud implica un amplio avance para el país organizador: por un lado, en relación con la inversión en las infraestructuras, que quedarán disponibles y en uso para el futuro del país; y por otro, por la función de escaparate internacional que un evento de estas características supone, con millones de espectadores de todo el mundo siguiendo las retransmisiones desde un país que se muestra en todos sus aspectos: avanzado y tecnológico (capaz de organizar un Mundial y, por tanto, susceptible de atraer inversiones extranjeras), bello y hospitalario (y por lo tanto atractivo para el turismo)... De este modo, el planteamiento de futuro del reino alauí expresaba en su candidatura la voluntad de avanzar en la mejora y el desarrollo de sus infraestructuras: la ampliación de los estadios existentes y la construcción de los nuevos; transmisión ultra-rápida de voz, imagen y datos, tanto desde dentro como desde fuera de los estadios; comunicaciones más rápidas y seguras; continuación de la red de autopistas nacionales, inversión para la gestión de la máxima fluidez de los flujos de circulación urbanos e interurbanos...

Pero a pesar de todo, el fútbol, movilizador de masas y de audiencias millonarias, es un importante elemento de cara a ser utilizado como deporte-escaparate por países como Marruecos (o Túnez, o Egipto... Y tal como lo fue en España en 1982; o a otro nivel como lo fue Barcelona en los Juegos Olímpicos de 1992, o como lo será Atenas este 2004), en pleno crecimiento y promoción, y que pretenden, a través de esta instrumentalización del deporte, mostrar al mundo su modernidad y su competitividad organizativa.


Pasiones compartidas


Pero toda esta instrumentalización social y económica del deporte revierte también, por otro lado, en una afirmación y en un reforzamiento cohesionador de la identidad nacional, gracias a la fuerte representatividad que siempre aporta. Una identidad expresada, eso sí, tal como la normativa deportiva exige, desde una posición de igualdad entre los contrincantes que se enfrentan en un terreno de juego.

Hace no mucho tiempo, en el marco de un curso sobre interculturalidad y educación organizado por el IEMed y la Asociación Ibn Batuta, relacionado especialmente con los marroquíes residentes en Cataluña, la antropóloga Marta Casas mencionaba que “es más efectivo para salvar los prejuicios un partido de fútbol, que un plato de cuscús”. Esta interesante declaración nos lleva directamente a diferentes aspectos relacionados con el deporte y su capacidad integradora: por un lado, sobre la convivencia y sociabilidad del deporte –del fútbol, en este caso– en un marco de igualdad de todos los jugadores en el terreno de juego, que los sitúa, sea cual sea su origen o extracción social, en un mismo nivel de participación. Pero también, por otro lado, sobre la búsqueda de aquellos elementos que unen, de aquello que tenemos en común más que lo específico o lo folclórico, lo que diferencia o separa. Y un deporte como el fútbol puede convertirse, desde esta perspectiva, en un interesante elemento de cohesión interna del grupo.

El fútbol es considerado en Marruecos como el “deporte nacional”; así lo expresa la candidatura marroquí al Mundial 2010 cuando afirma que: “El fútbol forma parte de nuestra identidad nacional”. Pero así lo demuestran también las declaraciones de varios de nuestros informantes cuando expresan: “(En Marruecos) se juega al fútbol más que nada”; o: “El fútbol es el deporte rey, como aquí”. Especialmente interesante, sin embargo, es la declaración de uno de ellos, cuando dice: “Como aquí. ¿Aquí no juega la gente al fútbol? ¿Cuál es el deporte nacional en España?: el fútbol. Pues en Marruecos también. En eso coincidimos”.

Vemos a través de estas citas, cómo el fútbol es considerado por los actores mismos como un elemento de su propia identidad. Sin embargo, más allá de este hecho, existe otro elemento de gran relevancia: el fútbol es también el “deporte rey en España” y, por tanto, “en eso coincidimos”. Es decir que, además de identificar, el fútbol es un elemento compartido que puede ayudar a resaltar los puntos en común más que las diferencias; y éste es uno de los principales valores que podemos destacar de cara a una verdadera integración social.

“Pasión compartida”, punto de contacto entre culturas, el fútbol, como cualquier creación humana, es, sin lugar a dudas, mucho más que un deporte.

afkar/ideas Revista trimestral para el diálogo entre Magreb, España y Europa
      

Estudios de Politica Exterior S.A. Núñez de Balboa 49, 5º pl. 28001 Madrid. Tel: 91 4312628 Fax: 91 435 40 27
IEMed Girona, 20. 5ª planta · 08010 Barcelona · Tel: 93 244 98 54 Fax: 93 247 01 65

© 2003 afkar / ideas - webmaster@iemed.org