afkar/ideas Revista trimestral para el diálogo entre Magreb, España y Europa
Revista trimestral para el diálogo entre el Magreb, España y Europa
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Turquía en la Unión Europea

Turquía es mediterránea, se siente europea y aspira a formar parte de la construcción europea. Anotamos aquí seis argumentos en este sentido. No pretendemos que sean los seis argumentos. Pero son consideraciones para avanzar en el necesario consenso.

* Identidad: sería una muestra de insignificancia pretender que la incorporación de Turquía amenazara la identidad europea. Si 70 millones de turcos cuestionaran los principios de la Comunidad, poca cosa serían los logros conseguidos desde 1952. Europa se ha levantado sobre el derecho, el comercio, la defensa y las instituciones. Derecho frente a fuerza. La UE necesita diversidad, necesita la coherencia que puede aportarle Turquía para reforzar su papel en el mundo. Algunos enarbolan un concepto confuso, la turqueidad. Es difícil hablar de forma monolítica de la identidad turca o de cualquier otra, pero para muchos turcos el europeísmo es una dimensión clave de su identidad colectiva. Turquía no es sinónimo de Imperio Otomano, y la nación turca, tal como la encauza Mustafá Kemal en 1923 en la joven República, es un viaje continuo hacia Europa que aspira a reafirmarse con su incorporación a la Unión. Al hablar de turqueidad, no se debe olvidar la posición de Benedicto XVI en diciembre de 2006 a favor de la integración de Turquía en la Unión Europea.

* Pacta sunt servanda: la canciller alemana, Angela Merkel, ha sobrepuesto su condición de presidenta del Consejo Europeo a las consideraciones de partido. Hemos de cumplir todos nuestros compromisos, repetía en enero. La apertura de negociaciones con Turquía ha sido una de las grandes conquistas de la Europa del siglo XXI. Persisten escollos importantes, pero el proceso sigue en marcha. La UE comprobará si la sociedad turca cumple los criterios de Copenhague. Las condiciones económicas son conocidas: libertad de circulación de personas, mercancías, capitales y servicios... Aceptación, en resumen, del acervo comunitario. En un punto de su recorrido, después de la caída del Muro, la UE optó: no podía dejar fuera a la Europa recién rescatada de los soviéticos, del centro y del Este. Incorporadas Rumanía o Bulgaria no es posible rechazar a Turquía, potencia demográfica, económica y estratégica de primera magnitud. Turquía necesita la integración.

* La historia y su gravitación sobre el presente. Turquía no es ajena a la historia europea, con la que comparte una cultura mediterránea. Desde 1952 es miembro de la OTAN. Gran bisagra con el mundo musulmán. En el enfrentamiento entre el Islam fundamentalista y el Islam modernizador, la integración de Turquía en la UE es decisiva.

* Reformas: no es la Turquía arcaica, tradicional, la que aspira a integrarse, sino la que se moderniza. Las reformas están en marcha, entre otras, del código penal. Desde 2003, la deuda turca ha pasado desde el 77% al 66%. Un 61% del comercio turco se hace con la UE. El gobierno se ha implicado en el proceso de reformas, que contribuye a configurar una nueva imagen de Turquía, una evolución que observan con interés la UE y los países árabes. La no integración provocaría un creciente rechazo a Europa.

* Laicidad de Turquía. Laicidad no significa, como se piensa a veces superficialmente, que un estado abogue por la indiferencia religiosa. Un estado moderno debe defender un clima social que reconozca a cada creencia su derecho a existir, con el respeto general. Pero el estado debe ser laico. Así lo ha defendido el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, un incuestionable creyente. En palabras del ministro turco de Asuntos Religiosos, Mehmet Aydin, del partido islamista, “Turquía es un país moderno, un país laico, y el laicismo, como el europeísmo, son parte de la identidad turca”.

* El proceso de acercamiento entre Turquía y la UE puede acelerarse. Sería útil para Turquía, también para los europeos. Europa es un crisol. Desde Atenas a Estocolmo, son visibles los valores comunitarios. El deseo de estar en Europa –y Turquía lo tiene– está en ese crisol. España ha sido con los tres últimos presidentes de gobierno, valedora de Turquía. Un territorio extenso y crítico, por el que ha transitado mucha energía a través de los siglos: no solo gas y petróleo.

Y no olvidar la trascendencia que un proyecto común, europeo y turco, puede tener para la región mediterránea, convertida así en centro de gravedad. Una mayor implicación de Turquía y el dinamismo del Magreb en el ámbito europeo y mediterráneo, auguran grandes cambios positivos en la región.

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