Marruecos-España:
¿qué normalización?
Las posibilidades de que ambos países
tengan una relación privilegiada se han visto contrariadas
por diferentes crisis cíclicas.
Mustapha Sehimi
Todo ocurre como si el flujo de las relaciones
entre Estados no pudiera asumir y regular los "espasmos"
que marcan las secuencias de esa proximidad y de esa densidad. ¿Debemos
acostumbrarnos o quizá no sería más conveniente
diseñar instrumentos y procedimientos que permitan gestionar
las diferencias?
El marco jurídico, sin embargo, existe: es el que prevé
el Tratado de amistad, buena vecindad y cooperación firmado
entre los dos países hace ya 12 años, el 11 de julio
de 1991. Entonces se plantearon principios generales tales como el
no-recurso a la amenaza o empleo de la fuerza, solución pacífica
de las diferencias, respeto a la legalidad internacional, igualdad
soberana, y no intervención en los asuntos internos. Pero de
nada ha servido con motivo de las múltiples crisis ocurridas
en 2001 y 2002 cuyo punto álgido fue la intervención
militar española en el islote de Leïla (Perejil) en julio
de 2002. En la actualidad parece que se ha iniciado un nuevo proceso
de normalización pero la duda está en saber si éste
significa acaso reencuentros, en la medida en que los expedientes
contenciosos todavía no están apurados (Sahara, inmigración
clandestina etcétera.)
Las relaciones con Madrid se vieron sometidas a una gran prueba en
el verano de 2002 con motivo del asunto del islote de Leila (Perejil).
Pero debemos recordar que mucho antes el clima de las relaciones entre
los dos países no era, ni mucho menos, el mejor. Esa situación
se debe a una acumulación gradual de un cierto número
de expedientes que no han encontrado solución y que han alimentado,
a un lado y otro del Estrecho, contenciosos perjudiciales para unas
relaciones normalizadas que se supone están marcadas por un
espíritu de cooperación y partenariado.
Entre esos expedientes podemos destacar el fracaso de las negociaciones
sobre la pesca, el acuerdo de 1995 firmado por tres años y
que no fue prorrogado más allá del 31 de diciembre de
2000; las amenazas de Madrid de congelar las contribuciones financieras
y económicas; las peticiones españolas a Bruselas de
adoptar sanciones contra Marruecos; el tono hostil con respecto a
la inmigración clandestina, la pasividad del gobierno español
ante las votaciones de parlamentarios del País Vasco y de Andalucía
a favor de la "independencia" del pueblo saharaui; sin olvidar
el asunto del permiso de prospección petrolera offshore concedida
por las autoridades españolas a la compañía Repsol,
en la zona comprendida entre las islas Canarias y el litoral marroquí
a fines de diciembre de 2001. Un comunicado oficial del gobierno de
Rabat de fecha 27 de diciembre de ese año hizo énfasis
sobre el respeto de la soberanía nacional, de los derechos
imprescriptibles de Marruecos y de las disposiciones del Derecho Internacional.
El ministerio de Asuntos Exteriores presentó por su parte una
enérgica protesta contra esa decisión "por una
duración indeterminada".
El agravamiento de la crisis
Fue en ese contexto en que el rey Mohamed VI decidió, el
27 de octubre de 2001, la llamada a consultas del embajador de Marruecos
en Madrid. A partir de esa decisión comenzó un proceso
de degradación creciente de las relaciones bilaterales, amplificado
por los medios de comunicación de los dos países que
rivalizaban prácticamente en demagogia nacionalista. Como
telón de fondo de ese deterioro, un editorial del órgano
en árabe del partido Istiqlal, Al Alam, de fecha 12 de marzo
de 2002, levantó una verdadera tempestad política
en España: el editorial proponía invitar a Marruecos
a "prepararse para recibir a los separatistas vascos",
como reacción por el apoyo al Frente Polisario.
Pero será cuatro meses más tarde, el 11 de julio,
con la ocupación por fuerzas de seguridad marroquíes
del islote de Perejil cuando las relaciones entre los dos países
se envenenarán y se transformarán en crisis abierta.
Oficialmente, desde el punto de vista de Rabat, esa medida se inscribe
en el marco de "la lucha contra el tráfico de droga,
la inmigración clandestina y otras actividades ilegales llevada
a cabo por las autoridades marroquíes sobre el territorio
nacional". Al día siguiente, Madrid dirigió al
gobierno marroquí una nota verbal pidiendo explicaciones
y exigiendo la retirada. Contrariamente a los usos diplomáticos,
Rabat no respondió, ya que esa decisión había
sido tomada por el rey. España decidió entonces "reforzar
los medios militares sobre los islotes bajo soberanía española"
situados frente a las costas marroquíes.
En Bruselas la Comisión Europea anunció que el problema
corría el riesgo de tener "repercusiones perjudiciales"
sobre las relaciones de la Unión Europea (UE) y Marruecos.
El ejército español reocupa el islote el 17 de julio,
después de desplegar un gran dispositivo militar a su alrededor.
Los americanos intervienen -¿por propia iniciativa? -para
calmar la crisis que estaba degenerando. Además de la intervención
de la embajadora de Estados Unidos, Margaret Tutwiler, el Secretario
de Estado Colin Powell, toma el asunto en sus manos hasta su solución.
El 22 de julio tiene lugar en Rabat un encuentro entre los dos jefes
de la diplomacia marroquí -Mohamed Benaissa-, y española
-Ana Palacio acaba de suceder a Josep Piqué- que permite,
según el comunicado conjunto oficial, "confirmar el
acuerdo que tiende a restablecer y mantener la situación
relacionada con el islote Tura/Perejil que prevalecía antes
de julio de 2002, tal y como había hablado con el secretario
de Estado Colin Powell, el 20 de julio 2002". Las acciones
de las dos partes a este respecto, prosigue el comunicado, se tomarán
sin perjuicio de sus posiciones respectivas sobre el estatuto del
islote. Las dos partes aplicarán este acuerdo de buena fe.
Las dos partes se han puesto de acuerdo igualmente para abrir un
diálogo franco y sincero para reforzar sus relaciones bilaterales.
En este sentido, concluye, los dos ministros de Asuntos Exteriores
han convenido celebrar una reunión en Madrid en septiembre
2002".
Pero el clima de las relaciones bilaterales no mejoró en
cinco meses como consecuencia de varios incidentes. Tres días
después de ese comunicado, el ministro marroquí de
Asuntos Exteriores expresó su inquietud ante la Cámara
de Consejeros, en relación con los intentos de Madrid de
retractarse en relación a lo que ha sido decidido con respecto
a la soberanía incuestionada del reino de Marruecos sobre
sus aguas territoriales y su espacio aéreo en el Mediterráneo
(25 de julio 2002). El 29 de julio informa a su homólogo
español de la preocupación de Marruecos "después
del fondeado, el mismo día por la mañana, de una fragata
de la marina nacional, en la costa de la isla ocupada de Nekor,
en las proximidades de Alhucemas".
El encuentro entre los dos ministros, que había sido pospuesto
dos veces, se fija para el 11 de diciembre 2002. Como consecuencia
de las violaciones repetidas del territorio nacional marroquí
por el ejército español -se trata del aterrizaje de
un helicóptero el 22 de septiembre sobre el islote en cuestión-
el jefe de la diplomacia marroquí hace saber a Ana de Palacio
"la inoportunidad de reunirse en ese contexto y en esas condiciones,
el 23 de septiembre en Madrid. Ese mismo día Rabat denuncia
de nuevo los actos repetidos de violación del espacio aéreo
marroquí por un avión de la marina Española.
Por fin, el 27 de septiembre, Bruselas informa a Rabat de la posposición
de la visita que debía efectuar el ministro marroquí
de Asuntos Exteriores a los responsables de la UE los días
30 de septiembre y 1 de octubre 2002. El encuentro se celebró
lugar el 14 de noviembre de 2002, en que el ministro Benaissa fue
recibido por Pat Cox, presidente del Parlamento Europeo, y Chris
Patten, Comisario Europeo para las Relaciones Exteriores.
Así es como esta crisis, que tomó la forma de un aumento
de los peligros que podían conducir al enfrentamiento, reaviva
las percepciones de amenaza de Marruecos y más globalmente
del sur. Sin duda un estudio publicado por el Centro de Investigaciones
Sociológicas (CIS) en febrero de 2002 señala que el
17% de los españoles sentía o percibía una
amenaza exterior para la seguridad de España, aunque casi
la mitad de ellos colocaba a Marruecos en primer plano mientras
que 25% señalaba a los países árabes y musulmanes.
En ese sentido, sólo un 13% decía tener una "buena
opinión" de sus vecinos del sur. La percepción
de amenaza a una evolución militar más marcada en
las zonas españolas en contacto geográfico con Marruecos
como Ceuta, Melilla y las islas Canarias, alimenta un alarmismo
fundado no sobre hechos eventualmente hostiles, sino sobre intenciones
que se le atribuyen a Rabat.
Por otro lado, hay que destacar que esa crisis ha reactivado el
consenso patriótico en España. Así la imagen
del ejército español mejoró en la opinión
pública. Además, todos los partidos políticos
apoyaron la intervención militar en el islote, con la excepción
del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y e Izquierda Unida (IU). Ese
estado de ánimo estaba ampliamente al diapasón de
los sentimientos de la opinión pública: después
de esta crisis, otro sondeo del CIS revelaba que el 75% de los encuestados
aprobaban la intervención militar.
Normalización de las relaciones
Habrá que esperar hasta el 16 de diciembre para que se reanude
el diálogo oficial, en Madrid, entre los ministros de Asuntos
Exteriores, De Palacio y Benaissa. Un mes más tarde se crearán
cinco grupos de trabajo bajo la presidencia de Tayeb Fassi-Fihri,
ministro delegado para los Asuntos Exteriores y Ramón Gil
Casares, secretario de Estado para los Asuntos Exteriores. Estos
grupos cubren los siguientes campos: asuntos políticos, inmigración
y asuntos sociales, delimitación de espacios marítimos,
relaciones económicas y culturales y sociedad civil. El terreno
quedaba así balizado para el encuentro previsto el 30 de
enero 2003 en Rabat entre los dos responsables de la diplomacia.
La voluntad de normalizar parece compartida y debía traducirse
en el retorno de los embajadores marroquí y español
a sus respectivos puestos. Mohamed VI recibe, el 30 de enero, a
la ministra española De Palacio. Al término de esa
audiencia se anuncia el regreso del embajador marroquí a
Madrid. A continuación la ministra celebra una reunión
con el primer ministro, Driss Jettú sobre el estado de los
trabajos de los cinco grupos creados. El soberano marroquí
hace igualmente un gesto de alcance simbólico y permite que
los pescadores gallegos víctimas de la catástrofe
ecológica del Prestige pesquen en aguas marroquíes,
lo cual crea un clima favorable que inaugura un nuevo capítulo
en las relaciones bilaterales. La prensa socialista marroquí
subraya, sin embargo, el imperativo de iniciar un diálogo
y lanzar una reflexión sobre la situación de los presidios
de Sebta y Melilla al tiempo que pide un nuevo enfoque en el tratamiento
de la cuestión de la inmigración.
Pero la posición española sobre el Sáhara durante
los trabajos del Consejo de Seguridad en julio de 2003 -reunión
presidida por Madrid- alimenta las criticas marroquíes. Fassi-Fihri
expresa su "pesar por el papel desempeñado por España
en el Consejo de Seguridad al movilizarse a favor de una tesis que
no corresponde a la explicitada por Marruecos. Esperábamos,
añadía, que España pudiese favorecer la emergencia
de una solución de compromiso".
Los preparativos de la guerra en Irak, a comienzos de 2003 conducen
a Washington y Madrid a una mayor cooperación en relación
al control de la seguridad en el Estrecho de Gibraltar. A principios
de febrero, se firma un acuerdo, que suscita reacciones en la prensa
marroquí que se pregunta si "Marruecos es un aliado
de rebaja". Se había estimado, en efecto, que Marruecos
-por razones conocidas- no puede de ninguna manera desinteresarse
de lo que ocurre en el Estrecho cuya orilla sur controla; que la
seguridad era una e indivisible, y que Rabat se encuentra frente
a un acuerdo cuyo contenido y consecuencias no conoce. Nos encontramos
ante un problema de buena gobernanza de defensa y de seguridad entre
Washington/Madrid de un lado y Rabat del otro. España y Marruecos
son dos países que proclaman tener relaciones privilegiadas
- por títulos diferentes- con EE UU. Esos países ponen
de manifiesto con agrado el "partenariado estratégico
que les une con esa superpotencia. Pero en la práctica diplomática
estamos ante una especie de tratamiento de "dos pesos dos medidas"
tanto más puesto que toca a una cuestión de seguridad
en un estrecho compartido en común.
Desde hace algunos meses, se desarrolla, sin embargo, la cooperación
marroquí-española de los servicios de seguridad en
la lucha antiterrorista. Tras los trágicos atentados del
16 de mayo en Casablanca, Madrid insistió desde el día
siguiente en prestar su apoyo a Marruecos. El 24 de septiembre se
presentó en Madrid un informe que señalaba la preparación
de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Tarragona, con
el concurso de cinco marroquíes de la red Al Qaeda.
En la cumbre europea de los Quince (Sevilla, 21 y 22 de junio de
2003), la cuestión de la lucha contra la inmigración
ilegal fue ampliamente debatida. Los partidarios de la línea
dura -con España a la cabeza, Gran Bretaña e Italia-
chocaron con la decidida oposición de Francia y Suecia, apoyados
por otros países como Bélgica, Portugal y Luxemburgo.
La propuesta de Madrid, Londres y Roma de aplicación de sanciones
automáticas contra los países de origen que se negasen
a cooperar con la UE fue abandonada. Pero el presidente, José-María
Aznar, explicó sin embargo que la UE "se reserva el
derecho de tomar medidas para reaccionar a las consecuencias de
esa negativa a cooperar". Ello no fue obstáculo para
que se aprobase el principio de la colaboración con los países
de origen o de tránsito de los emigrantes. Así fue
como se decidió que los nuevos acuerdos de cooperación
y de asociación firmados por la UE con terceros países
lleven una cláusula sobre "la gestión común
de los flujos migratorios" y sobre "la readmisión
obligatoria" en los países de origen o de tránsito.
Ese "activismo" español a propósito de ese
expediente no ha dejado de ser notado por Rabat ya que una gran
parte de los inmigrantes clandestinos que intentan alcanzar las
costas españolas parten del Reino, sean de origen marroquí
o se sirvan de él como base de tránsito, como es el
caso de los argelinos o los subsaharianos. La determinación
española no ha variado prácticamente a ese respecto.
De ahí que uno de los puntos inscritos en el orden del día
del próximo encuentro entre Aznar y Jettú, a principios
de diciembre de 2003, trata precisamente de ese expediente. Marruecos
se propone, además, ampararse en la decisión de la
cumbre europea de Sevilla para no dar seguimiento a la petición
española.
Reconstruir y confrontar un "colchón de intereses comunes",
ése debe ser el objetivo común que se fijarán
los dos jefes de gobierno durante su encuentro de diciembre 2003.
Pero ¿será suficiente? Quedarán por establecer
las condiciones y las modalidades de una concertación institucionalizada
-forma o no- cuya naturaleza permita prevenir las eventuales tensiones
futuras y regularlas sobre la base de un principio básico
que proporcione un verdadero contenido político y estratégico
al partenariado privilegiado que los dos países claman con
sus mejores votos y discursos oficiales.
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