Venderse las joyas
Las joyas son de exclusiva propiedad de las mujeres
y pueden intercambiarse por toda clase de bienes en
momentos de necesidad. Este hecho es importante en
unas sociedades en las que con frecuencia se desarrolla
una economía familiar de autosubsistencia, y en las que
la producción femenina de alfombras y cerámicas para
vender en los mercados no es suficiente para compensar
una mala cosecha o la muerte del ganado.
La necesidad de ayudar económicamente al grupo
familiar explica que muchas joyas combinen el coral o el
ámbar con el plástico o los cristales de colores. En algún
momento se intercambió el material noble por dinero con
el objetivo de mejorar la situación familiar. Ante estas
eventualidades, la mujer puede decidir vender a algún
comerciante las piedras semipreciosas que formaban
parte de una joya o desprenderse de toda la joya.
La venta de las joyas nos permite observarlas desde una
perspectiva que va más allá de lo estético, lo simbólico,
lo religioso o lo familiar. Las joyas están sujetas a un
intercambio económico protagonizado por las mujeres.
Las razones que pueden incitar a su venta son diversas:
— permiten la subsistencia del grupo;
— garantizan el establecimiento de nuevas alianzas
familiares: los matrimonios son caros y requieren una
inversión que cubra los gastos de la boda y la dote;
— pueden venderse para financiar luchas armadas, como
pasó durante la defensa del Rif por Abd-el-Krim contra
los colonizadores españoles en la década de 1920 o en
el curso de la guerra por la independencia de Argelia
de finales de los cincuenta;
— facilitan la emigración de algunos de sus miembros
fuera de la comunidad, especialmente hacia el
extranjero, donde se esperan más garantías de éxito. |