Islam y creencias. Protección y bendición
En el norte de África, el islam se expresa de dos maneras
diferentes: coexiste un islam oficial o escriturario,
centrado en el Corán y las mezquitas, con un islam
informal o popular, expresado con la peregrinación a la
tumba de un santo (moussem) y el culto de los santos.
Ambos se articulan tanto en los ámbitos urbanos como
en los rurales. Con frecuencia se afirma, erróneamente,
que el islam informal es mayoritariamente bereber.
Mientras el islam se abría camino en la vida cotidiana de
los bereberes, algunas prácticas iban más allá de esta
expresión monoteísta para adentrarse en el mundo de
las creencias. Numerosas mujeres utilizan amuletos para
protegerse, tanto a ellas como a sus familias y a sus hijos;
esta práctica muestra la simbiosis que se produce en la
vida diaria de muchos amazighs.
La expresión del sentimiento religioso y de la fe se aprecia
en la existencia de numerosos pequeños portacoranes,
que forman parte de fíbulas y collares, y que nos
hablan de la fe musulmana, mientras que las joyas
están llenas de amuletos de todas clases y de formas y
representaciones de todo tipo con las que se presenta
una fe de creencias muy mezcladas.
La mano de Fátima (también denominada khamsa, luha
y afus) es un amuleto que utilizan tanto los árabes como
los bereberes, cuyo origen es bastante controvertido. Se
señala que se identifica como «mano», entendida como
un símbolo de protección que materializa las ideas con su
actividad y que representa la autoridad y la dominación,
y como el número «cinco», ya que tiene siempre la
particularidad de estar formada por los cinco dedos de
la mano.
El «cinco» es una representación simbólica del cuerpo
humano, un símbolo del universo con dos ejes que pasan
por el mismo centro, y un símbolo de orden y perfección
que, en definitiva, reúne los cinco sentidos, las cinco
formas sensibles de la materia.
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